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Delegación italiana felicita a Ministerio de Cultura por FILSD2017

A continuación compartimos la carta de agradecimiento de la escritora italiana Marina Bianchi, quien felicita  al Ministerio de Cultura por el trabajo desempeñado en la FILSD2017. En la foto Marina Bianchi (centro), acompañada por su esposo Sergio Alborghetti y la escritora dominicana Rosa Silverio.

“Gracias a la invitación del Ministerio de Cultura, en la persona del Ministro Pedro Vergés, el catedrático Gabriele Morelli, mi marido Sergio Alborghetti y yo tuvimos la oportunidad de participar como delegación italiana en la XX Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, que tuvo a Paraguay como país invitado de honor y que se dedicó al escritor dominicano René del Risco Bermúdez.

Para nosotros fue una magnífica ocasión para conocer a intelectuales, escritores y académicos de muy alto nivel –tanto dominicanos como paraguayos y extranjeros–, para asistir a interesantes conferencias, recitales, talleres y presentaciones de nuevas obras literarias, y para disfrutar de un fervor por la literatura que, lamentablemente, en muy pocos lugares del mundo se mantiene tan vivo. Sin embargo, creo que lo más relevante es lo que la FILSD supone para un país como República Dominicana: se trata de difundir la cultura y el conocimiento, de animar a la lectura, de despertar la curiosidad de niños, jóvenes y adultos, de crear un intercambio de opiniones entre quienes estén interesados en participar en él, de entablar un diálogo constante entre personas procedentes de distintos países, de diferentes realidades sociales y de formación y trayectorias muy dispares, que se reúnen para compartir su afición al libro y para aprender el uno del otro. Todos pueden acercarse, participar de forma gratuita a cualquier actividad, encontrar los libros que necesitan o que les gustan, hablar con los autores, con los editores y con los invitados, o simplemente pasear un ratito y absorber la atmósfera cargada de poesía y de entusiasmo.

Por tanto, me atrevo a afirmar que la FILSD es la mejor realización que he visto de lo que se suele llamar libre circulación de conocimientos, tan de moda en el debate académico actual; afortunadamente, aquí no se trata de difundirlos virtualmente por internet, sino de vivirlos, de intercambiarlos en persona y de respirarlos junto con su imprescindible dimensión humana y de cordialidad. No olvidemos que desde su origen romano las humanitas (hoy ciencias humanas) son el conjunto de disciplinas que tienen al hombre, sus cualidades y sus manifestaciones como objeto y centro de su reflexión; como emanación de la humanitas surgieron las universitas (de las que proceden nuestras universidades), que al comienzo no eran más que comunidades abiertas o libres asociaciones de personas que perseguían una misma finalidad: la de enseñar y aprender mutuamente. Esto es exactamente lo que ocurrió en los pasados días en la Plaza de la Cultura: colegios y familias, grupos de amigos o seres solitarios, profesores o alumnos, escritores e intelectuales o gente que nada tiene que ver con ellos y su mundo, sentados entre el público o en la mesa principal, corriendo entre los pabellones o tomándose un cappuccino en Café Bohemio, hablando, escuchando o leyendo –mejor aún–, todos tuvimos la posibilidad de enriquecernos en la FILSD 2017.

Creo entonces firmemente en la importancia de un evento de este calibre, al que ya había participado el año pasado, y, tras doce inolvidables días en el recito de la Feria, me fui contenta de saber que el nivel ha subido bastante y que los organizadores se están esforzando para que siga mejorando en su próxima edición. No me refiero sólo a la categoría de los invitados, sino también y sobre todo a las capacidades, al interés y al anhelo por aprender de los chicos jóvenes que participaron en los talleres, que asistieron, preguntaron o comentaron en las conferencias con intervenciones muy atinadas, que leyeron sus textos creativos –entre ellos, me encantaron Los Nadie cuyo recital escuché en el Pabellón de Talleres Literarios.

No sobra añadir una vez más que la información, la formación, la lectura y la escritura son las mejores armas de un pueblo contra las injusticias y contra la pobreza, porque posibilitan tanto la toma de conciencia y una mayor capacidad de interpretar la realidad en el presente, como mejoras y desarrollo para el futuro. Al mismo tiempo, son el bien más preciado en la sociedad occidental contemporánea, donde priman la rapidez, las falsas apariencias y la superficialidad que sólo el saber puede contrarrestar; por supuesto, también son el único medio que tenemos a nuestro alcance para trasmitir los valores y la identidad que se conservan en los textos que cada sociedad ha producido a lo largo de su historia. Evidentemente, los dominicanos reconocen el privilegio que tienen anualmente, ya que la lluvia incesante no los paró: en ningún momento la Plaza de la Cultura se quedó vacía, el público no dejó de acudir a las actividades ni de renovar diariamente el diálogo entre lo local y lo universal, entre lo cotidiano y lo poético, entre el aprender y el saber, entre la solemnidad de las ceremonias públicas y la incontenible naturaleza acogedora de los dominicanos, entre la seriedad del evento y la rebosante alegría de los habitantes de un país entrañable.

¡Gracias entonces por permitirnos estar con ustedes!

 

Como es la primera ocasión que tengo para hacerlo públicamente, a continuación permítanme que nombre por lo menos a los principales Amigos que nos han hecho sentir en Santo Domingo como o mejor que en casa. En primer lugar, mis agradecimientos van a las personas que hicieron posible nuestra reciente presencia en la FILSD: al Ministro de Cultura, Pedro Vergés, y al Viceministro de Creatividad y Participación Popular, Cayo Claudio Espinal, quienes además nos concedieron la oportunidad de compartir con ellos en distintas ocasiones, hablando de literatura y de proyectos futuros. Y por posibles colaboraciones venideras, gracias de antemano tanto al Director de la Editora Nacional, José Enrique García, como al Comisionado de Cultura en New York, Carlos Sánchez. Por otro lado, un agradecimiento especial para Víctor Saldaña, a quien debo muchos contactos académicos y culturales, el estar pendiente de nosotros en todo momento y las inolvidables noches poéticas con Nan Chevalier. Por supuesto, le agradezco a Ruth Herrera la mediación y la gestión para que nuestras actividades se llevaran a cabo, y gracias a todos los poetas y narradores que me dieron sus libros y me acogieron en sus conversaciones literarias, contribuyendo a que conozca cada vez mejor al país, así como a los amigos que asisten incansables a mis charlas y talleres desde hace tiempo. Remontándome hacia atrás, gracias a quienes me acercaron al mundo intelectual dominicano: a Basilio Belliard, que hace unos años me presentó algunos de los mejores poetas de Santo Domingo y a los profesores de la UASD –excelente universidad, por cierto–; a Juan Aderso, que en 2016 me llevó a las distintas sedes de la misma; a José Oviedo, quien me brindó la posibilidad de establecer los primeros contactos académicos con la PUCMM, en 2012. Por último, tampoco se me olvida darles las gracias a AFS Intercultura que, hace más de veinte años, me trajo al país por primera vez, y a la persona que me regaló la gran familia que tengo en República Dominicana, acogiéndome en su casa con el amor de una madre en el lejano 1995, lo que sigue haciendo cada vez que vuelvo: Emilia Fernández de Pezzotti.”

Marina Bianchi                     

Università degli Studi di Bergamo (Italia),

    01.05.2017 

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